Hoy mismo, 12 de diciembre, no he podido llegar a mi Universidad. ¿Qué por qué? Porque el tren que he cogido como cada mañana, ha estado parado más de hora y media entre las estaciones de “Entrevias y Atocha”. Hora y media en un trayecto que debería estar resuelto en cinco minutos.
Llevo utilizando el tren a diario desde hace más de cinco años y recuerdo, que entonces la diferencia de tiempo entre uno y otro tren para hacer el mismo recorrido, era aproximadamente de cuatro minutos. ¿Qué cuánto tardan ahora? Unos trece. ¡Trece minutos!!
Es cierto, no hay dinero. Es verdad, hay que recortar… ¿Recortar? Entonces para qué cambian ustedes las marquesinas de las paradas de autobuses, para qué cambian los tornos de entrada de las estaciones del tren. Pues yo se lo digo: para seguir robando. Para emplear dinero en cosas absurdas donde ustedes pueden plantear los millones y millones que siguen robando a gente que duerme en la calle o que acuesta a sus hijos con el estómago lleno.
Considero que soy una persona bastante crítica con el Gobierno, pero jamás he apoyada los actos radicales, señores, ustedes son quienes motivan esos actos. Y créanme, todavía tienen la inmensa suerte de que somos muchos quienes pedimos lo que nos corresponde de forma pacífica, pero como les digo, estoy hasta e coño: hasta el coño de emplear con ustedes buenas palabras, hasta e coño de respetar lo que no respetan.
No tienen ningún derecho y tienen la poca vergüenza de privar incluso la libertad de expresión de aquel que no se adapta a sus convicciones. Sabe usted señor Rajoy, denúncieme, múlteme y lléveme al juzgado si quiere, estaré encantada de ir y de decirle mirándole a los ojos, algo que usted no hace con la gente a la que ha arruinado la vida, que es un perfecto hijo de puta.
A diario somos los ciudadanos, la gente que a usted no le merece respeto quiénes pagamos sus cagadas, sus robos, sus putas y sus abusos. Y a usted no lo importa lo más mínimo. Somos nosotros quienes contribuimos a alimentar a los miles de niños que están por debajo del umbral de la pobreza, quienes pagamos alquileres a ancianos y niños a los que echa a la puta calle, mientras usted vive en un palacio, que pagamos nosotros, se viste y alimenta con dinero negro, que nos roba a nosotros y viaja en un coche cómodo y calentito mientras gente como yo, gente pobre de esa que usted rechaza, tiene que sufrir incluso desmayos en un vagón donde apenas queda aire, tiene que llegar tarde a su lugar de trabajo o estudio y simplemente como me ha pasado a mí, desistir en su empeño de llegar hasta allí porque no tiene medios. Medios, señor, que nosotros mismos pagamos, pues yo pago religiosamente mi abono igual que los demás cada mes. ¡Y que se te pase un día!!! Que encima te toca pagar un abono sencillo desproporcionado o una multa, con la que probablemente usted se irá de cena este fin de semana.
Nos roban nuestro futuro, nos arruinan nuestro presente y se ríen de todo lo que el pueblo ha conseguido en el pasado.
Señor Rajoy, nunca le he admirado ni siquiera le he apoyado pero desde hoy, le aseguro que pierde usted todo mi respeto, respeto que jamás ha tenido por la gente a la que se debe porque sí señor, usted se debe a mí y a los que como yo, contribuimos a este puto estado de bienestar donde escupe cada mañana.
Trabajando oiga, trabajando se gana lo que usted tiene, lo que nos roba: ¿sabe lo que es trabajar? ¿Lo sabe usted o alguno de su puta casta de corbatas y relojes caros? Ni puta idea tienen.
Así que querido presidente, a usted y a su maravilloso ministerio de fomento, ese que tantos anuncios hace llevándose sus buenas comisiones, que les vayan dando por culo y ahora denúncieme, denúncieme por difamaciones, por insultos o por lo que cojones le apetezca que créame, no tengo la más mínima intención de dejar de publicar estas verdades que usted esconde como mierda debajo de la alfombra.